martes, 15 de noviembre de 2016

Es el título de un libro, que por cierto recomiendo ampliamente, pero viene a cuento de mi próximo post.

En Enero de 2016 corrí mi primera carrera de 10km. Empecé a correr porque tras la separación no tenía dinero para el gimnasio y me pareció una forma barata de no volverme una foca, seguí corriendo porque a mi psicóloga le parecía vital que se me oxigenará el cerebro... Me explico mejor...
En julio de 20014 me salto el diferencial, tuve una crisis psicótica, un secuestro amígdalar en toda regla y termine ingresada en la unidad psiquiátrica del hospital Vall d'hebron. Fueron meses muy duros y tras encontrar una psicóloga que realmente tuviera "química" conmigo juntas decidimos que parte de la terapia consistía en realizar ejercicio, así que seguí corriendo con mis altibajos pero desde noviembre del año pasado y tras un periodo de situaciones muy duras con el Coco me he puesto más en serio. Corro, hago mis series, mis sesiones dé musculación, como bien, vamos me cuido el cuerpo que es el contenedor de la mente y género endorfinas que me viene bien. 


He pasado mucho miedo porque más de una vez he sentido que mi cabeza iba por libre y podía jugarme una mala pasada, pero cuando me encuentro así más me obligo a correr y a darlo todo porque para mí en este momento es correr o morir: O encuentro la forma de liberar mala hostia o muero. 

Una amiga me dice que correr es simplemente poner un pie delante del otro y es verdad, es poner un pie delante del otro y tirar para adelante, en todo en la carrera y en la vida y cuando el cambio es inevitable seguir con un pie delante del otro e intentar disfrutar el camino...

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